Hortensiadas

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Hortensiadas

Me dijiste… socióloga… Con lo joven que eres… Vaya, aquí no soy yo la que pregunta, ¿pero eso de socióloga qué es?, que yo me entere bien ya. Sonar, suena muy bien. Socióloga. ¿Y qué hacen ustedes?…

… A ver, a ver, más despacito. Más despacito… Relaciones de la sociedá, el fattó económico… sí, bueno: el móney… que hacéis unos estudios… Ah, ya, ya, los problemas y las cosas de la gente, pero no de este ni de aquella, sino del montón… Eeeso es… Y cómo vive cada cual, ¿no, hija?… Sí, así lo entiendo divino. Y para eso quieres que te hable y que te cuente las cosas que yo sepa. Yo o el que caiga.

Pero bueno, aunque sea ya demasiado preguntarte: ¿se adelanta algo sacando p’afuera esas cosas y poniéndolas en los papeles, con el lío que es la vida, por Dio?…

Porque tú no es que te metas ya en lo que gana este o el otro, que, aunque te digan la verdá, tampoco ibas a sacar mucho en limpio, creo yo. Es que te metes en todo. Conmigo has venido a meterte hasta con las cosas del amor y de la cama, que es en lo que menos se aclara nadie en el mundo entero, ¿y eso también lo estudian ustedes?… Ah: que sí.

Pues voy a ponerte una comparación y que no te vaya a extrañar, porque a mí en las comparaciones me se ocurre cada cosa rara… yo creo que es que estoy medio majara… Pero no me lo voy a callar, verás: me se vino a la cabeza que lo del amor y la cama viene a ser como un pueblo entero con todo, con sus casitas limpias y bonitas y sus cosas escondidas y sus florecitas por los balcones y sus ratas y su mierda por abajo, que de pronto salta a su tiempo lo que sea y está todo enredao que no hay quien lo baraje, ¿es mentira?…

Pero ya te dije que yo creo que lo conocí entero el amor, yo creo que sí. Así no fueran más que tres años y medio. Ahora: aquello fue aquello, y con esas cosas sigue habiendo un lío que a ver por dónde lo coges, si ni el mismo que lo está pasando sabe cogerlo y entenderlo, ese menos.

Y además que dure, y que los dos sepan o no sepan que la vida no es más que estar lo más a gusto que se pueda; pero es que hay a quien la vida le gusta y a quien no le gusta y… bueno lo que sea, ya no sé por dónde iba, hija…

 

Fernando Quiñones, Las mil noches de Hortensia Romero (ed. Planeta, 1979).

Escribiendo el currículum

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‘Escribiendo el currículum’

¿Qué hay que hacer?

Presentar una instancia
y adjuntar el curriculum.

Sea cual fuere el tiempo de una vida
el curriculum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quién te conoce, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número del calzado, no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.

Wislawa Szymborska, ‘Hombres sobre el puente’, (1986)